Cada año, cuando se publican las notas de corte de la universidad o comienzan las adjudicaciones de plazas de Formación Profesional (FP), vuelve a aparecer el mismo debate: “no hay plazas para todos”.
Lo hemos visto recientemente con la universidad y ya ocurrió con bastante polémica en la FP. Estudiantes que quieren cursar una titulación concreta, no consiguen entrar y sienten que el sistema educativo no ofrece plazas suficientes.
Desde Academia M25 llevamos tiempo hablando de este tema con alumnos y familias y creemos que la realidad es algo más compleja.
La pregunta quizá no debería ser únicamente si faltan plazas, sino otra:
¿Faltan realmente plazas o tenemos demasiadas titulaciones diferentes y una demanda excesivamente concentrada en unas pocas?
Nuestra opinión es que, al menos en determinadas ramas, hemos pasado de estudios relativamente generales, en los que la especialización llegaba después, a una oferta cada vez más fragmentada desde el primer momento.
Y cuando los centros, las aulas y los profesores siguen siendo limitados, aumentar continuamente el abanico de titulaciones puede generar un problema que merece la pena analizar.
Entonces…
¿Faltan realmente plazas en FP y Universidad?
La respuesta más honesta sería: depende de qué entendamos por falta de plazas.
No es lo mismo decir:
- No existen suficientes plazas educativas.
- No existen suficientes plazas en las titulaciones que más estudiantes quieren cursar.
Parece una diferencia pequeña, pero cambia bastante el problema.
Un estudiante que quiere hacer un determinado Grado Superior y se queda fuera dirá, con toda lógica, que no hay plazas.
Pero al mismo tiempo puede haber otro ciclo, incluso en ese mismo territorio, con plazas disponibles.
Esto no es solo una impresión.
En Madrid, por ejemplo, después de las primeras fases de admisión para el curso 2025/26 todavía quedaban 12.000 plazas públicas vacantes de FP: 1.400 en Grado Básico, cerca de 4.400 en Grado Medio y más de 6.000 en Grado Superior.
Por tanto, pueden darse simultáneamente dos situaciones aparentemente contradictorias:
Personas que no consiguen plaza en la FP que quieren y miles de plazas de FP que nadie ocupa.
Ahí es donde creemos que empieza realmente el debate.
El problema no siempre es la cantidad de plazas, sino dónde está la demanda.
Imagina un centro que dispone de cuatro aulas para impartir una determinada rama formativa.
Hace años podía existir una titulación relativamente amplia y esas cuatro clases estaban destinadas a estudiantes de la misma formación.
Posteriormente, en cursos superiores, optativas, itinerarios o estudios posteriores, cada estudiante podía ir orientándose hacia una especialización determinada.
Ahora imaginemos que esa misma rama se divide en cuatro titulaciones diferentes.
Sobre el papel hemos ganado posibilidades.
El alumno puede elegir con mayor precisión aquello que quiere estudiar.
Pero las instalaciones siguen siendo las mismas:
- Cuatro aulas.
- Un número determinado de profesores.
- Unos talleres concretos.
- Un número limitado de plazas.
¿Qué ocurre si casi todo el mundo quiere estudiar una de esas cuatro titulaciones?
La demanda se concentra en una opción mientras las demás pueden quedarse parcialmente vacías.
No podemos convertir automáticamente todas las plazas de las otras titulaciones en plazas para la más solicitada.
Y esto se parece bastante a lo que estamos viendo tanto en FP como en determinados grados universitarios.
En FP este problema se ve especialmente bien
La Formación Profesional ha crecido muchísimo en los últimos años.
Y eso, en principio, es una buena noticia.
Tenemos más alternativas de formación, estudios cada vez más especializados y titulaciones vinculadas a nuevas profesiones.
El problema aparece cuando más oferta no significa necesariamente una mejor distribución del alumnado.
Andalucía ofrece un ejemplo interesante.
Para el curso 2025/26 anunció 168.447 plazas de nuevo ingreso de FP, alrededor de un 40% más que en 2018, y una oferta de 197 titulaciones diferentes.
Sin embargo, la propia administración indicó que aproximadamente un 20% de las plazas del curso anterior habían quedado vacantes, incluso en algunos ciclos con elevada empleabilidad. Por ese motivo, planteó reorganizar parte de la oferta y centrarse más en su calidad y adecuación que simplemente en seguir incrementando la cantidad.
Y este dato resume bastante bien nuestra reflexión:
¿Tiene sentido seguir aumentando continuamente el número de opciones si después unas titulaciones acumulan estudiantes y otras no consiguen llenar sus grupos?
Mucho abanico no siempre significa más oportunidades
Tener muchas opciones parece siempre positivo.
Y hasta cierto punto lo es.
Pero llega un momento en el que multiplicar las titulaciones también puede fragmentar demasiado la oferta.
Pensemos en una FP.
Un centro no puede impartir todos los ciclos existentes porque necesita:
- Profesorado especializado
- Aulas
- Talleres
- Equipamiento
- Recursos económicos
- Empresas disponibles para la formación práctica o dual
Por tanto, aunque exista un catálogo nacional enorme, cada instituto solo puede ofrecer una parte.
Si además muchos estudiantes terminan solicitando los mismos ciclos, el resultado es previsible:
- Determinados ciclos tienen mucha más demanda que plazas.
- Otros mantienen plazas libres.
- Algunos grupos pueden llegar a tener dificultades para reunir suficiente alumnado.
- El estudiante tiene la sensación de que “no hay FP”, aunque existan vacantes en otras titulaciones.
El problema puede estar menos en la cantidad total de plazas y más en cómo están repartidas.
¿Está ocurriendo algo parecido en la Universidad?
Creemos que sí, aunque universidad y FP no funcionan exactamente igual.
El sistema universitario español dispone actualmente de una oferta enorme.
En el curso 2024/25 el sistema universitario español ofertó 4.475 titulaciones de Grado, de las que 2.997 correspondían a universidades públicas y 1.478 a privadas.
Solo las universidades públicas presenciales ofertaron miles de opciones distribuidas entre ámbitos como:
- Educación
- Artes y Humanidades
- Ciencias Sociales
- Empresa y Derecho
- Ciencias
- Informática
- Ingenierías
- Salud
- Servicios
Esto permite al estudiante elegir entre muchísimas alternativas.
Pero volvemos a la misma cuestión:
¿Todas esas titulaciones reciben una demanda proporcional?
Evidentemente, no.
Cada año vemos grados con notas de corte muy elevadas y otros donde la presión de acceso es muchísimo menor.
Y aquí conviene entender bien qué significa una nota de corte.
Una nota de corte alta no significa que una carrera sea “mejor”
Este es un error muy habitual entre los estudiantes.
La nota de corte no es una valoración de la calidad de una carrera.
Tampoco significa necesariamente que sea más difícil, que tenga mejores salidas profesionales o que quienes la estudian tengan un nivel académico superior.
La nota de corte surge fundamentalmente de la relación entre:
- El número de plazas ofertadas.
- El número de personas que solicitan entrar.
- Las notas de acceso de esos estudiantes.
Si hay pocas plazas y muchísimas solicitudes con notas altas, la nota de corte subirá.
Por eso, cuando vemos grados con notas de acceso muy elevadas, una parte importante del problema puede ser simplemente esta:
Hay demasiadas personas intentando entrar simultáneamente en una titulación concreta.
El problema vuelve a ser la concentración de la demanda.
Antes la especialización llegaba más tarde
Aquí entramos ya directamente en nuestra opinión.
Durante muchos años, era más habitual estudiar una rama relativamente general y decidir posteriormente hacia dónde especializarse.
La formación inicial proporcionaba una base común.
Después podían aparecer:
- Optativas
- Itinerarios
- Especialidades
- Últimos cursos más específicos.
- Posgrados o másteres.
- Formación complementaria.
Esto tenía una ventaja importante: no obligaba a repartir desde el primer momento a todos los estudiantes entre multitud de títulos diferentes.
Actualmente encontramos grados y ciclos mucho más especializados desde etapas iniciales.
No estamos diciendo que esto sea siempre negativo.
Hay sectores nuevos y profesiones que necesitan una formación específica.
Pero pensamos que merece la pena preguntarse si hemos llevado esta especialización demasiado lejos en algunas áreas.
¿Sería mejor volver a ramas más generales?
En nuestra opinión, en determinadas titulaciones sí podría tener sentido.
No hablamos de volver exactamente al sistema educativo de hace décadas ni de eliminar todas las especialidades.
La idea sería algo más sencilla: formación general primero y especialización después.
| Modelo más general | Modelo muy especializado |
|---|---|
| Base común durante los primeros cursos | Especialización desde el inicio |
| Mayor flexibilidad inicial | Elección muy concreta desde el principio |
| Los estudiantes se especializan posteriormente | Cada especialidad necesita su propia oferta |
| Facilita compartir aulas y asignaturas | Puede fragmentar las plazas disponibles |
| Permite conocer mejor la profesión antes de decidir | Obliga a elegir muy pronto |
Evidentemente, este modelo no serviría para todas las carreras ni para todas las FP.
Pero allí donde distintas titulaciones comparten una parte importante de conocimientos, creemos que merece la pena plantearlo.
¿Qué ventajas tendría especializarse más tarde?
Una estructura de formación más común durante los primeros años podría tener algunas ventajas.
Aprovechar mejor las plazas disponibles
Si varios itinerarios comparten una formación inicial, las plazas no tienen que dividirse tan pronto entre titulaciones diferentes.
Esto podría proporcionar mayor flexibilidad cuando cambia la demanda de los estudiantes.
Elegir con más conocimiento
No es fácil pedirle a una persona de 16, 17 o 18 años que conozca exactamente el nicho profesional al que quiere dedicarse.
Muchas veces ni siquiera ha tenido contacto real con ese sector.
Una formación inicial más amplia permitiría conocer primero la profesión y especializarse después.
Evitar especialidades condicionadas por las modas
Hay titulaciones que pueden experimentar fuertes aumentos de demanda debido a nuevas tendencias tecnológicas, sociales o laborales.
Eso puede provocar que muchos estudiantes quieran entrar simultáneamente en la misma opción.
Una estructura común permitiría absorber mejor esas variaciones antes de repartir al alumnado entre diferentes especializaciones.
Facilitar cambios de orientación
También permitiría que un estudiante que descubre que una especialidad concreta no le gusta pueda cambiar de itinerario sin tener necesariamente que empezar otra titulación desde cero.
¿Más titulaciones significa necesariamente un sistema mejor?
No necesariamente.
Tener muchas opciones es positivo si esas opciones responden a necesidades reales del alumnado y del mercado laboral.
Pero aumentar continuamente el catálogo sin revisar qué ocurre después puede provocar desequilibrios.
En Andalucía, por ejemplo, la administración ha explicado que está reorganizando su oferta de FP, sustituyendo determinadas opciones de baja demanda o empleabilidad y aumentando grupos en ciclos con mayor demanda.
Ese enfoque nos parece especialmente interesante.
En lugar de preguntarnos únicamente:
¿Cuántas plazas nuevas vamos a crear?
Quizá también deberíamos preguntarnos:
- ¿En qué estudios hacen falta realmente?
- ¿Qué titulaciones mantienen plazas vacantes?
- ¿Dónde se concentra la demanda?
- ¿Qué estudios comparten suficientes contenidos?
- ¿Qué especializaciones podrían realizarse posteriormente?
- ¿Qué perfiles necesita realmente el mercado laboral?
Más no siempre significa mejor. A veces significa simplemente más fragmentado.
El problema también está en la orientación académica
Hay otro aspecto del que se habla menos.
Cuantas más titulaciones y especializaciones existen, más difícil puede resultar elegir.
En Academia M25 nos encontramos continuamente con estudiantes que dudan entre varios estudios con nombres y contenidos aparentemente muy similares.
Esto ocurre en:
- FP
- Ingenierías
- Informática
- Administración y empresa
- Marketing
- Comunicación
- Ciencias Sociales
- Dobles grados
La paradoja es curiosa.
Creamos cada vez más opciones para que el estudiante pueda elegir exactamente qué quiere estudiar, pero le pedimos que tome una decisión cada vez más concreta cuando todavía conoce muy poco del sector profesional al que quiere acceder.
Para nosotros, esta es otra ventaja de retrasar parte de la especialización.
Primero conoces una rama.
Después descubres qué áreas te interesan.
Y entonces decides hacia dónde especializarte.
¿Qué debería cambiar para evitar tantas plazas vacantes y listas de espera?
No existe una única solución.
Probablemente sería necesario combinar varias.
Ajustar las plazas a la demanda real
Si determinados ciclos o grados acumulan una demanda elevada durante varios años, tiene sentido estudiar si pueden ampliarse.
Revisar titulaciones con poca demanda
Mantener indefinidamente estudios con muchas plazas vacantes tampoco parece eficiente.
La oferta debería revisarse periódicamente.
Crear formaciones comunes cuando sea posible
Si diferentes titulaciones comparten gran parte de sus conocimientos iniciales, podría estudiarse una base común y una especialización posterior.
Mejorar la orientación académica
Los estudiantes deberían conocer no solo el nombre de una titulación, sino también:
- Qué se estudia realmente.
- Qué alternativas similares existen.
- Qué salidas profesionales tiene.
- Qué especializaciones pueden realizar después.
- Qué demanda laboral existe.
No planificar únicamente según las titulaciones de moda
Las preferencias del alumnado son importantes, pero también deben analizarse las necesidades futuras del mercado laboral y del tejido productivo.
Entonces… ¿Hay que crear más plazas?
En algunos estudios, probablemente sí.
Si una titulación mantiene durante años una demanda muy superior a su capacidad y además existe necesidad profesional de esos titulados, aumentar plazas puede tener sentido.
Pero creemos que reducir todo el debate a “hay que crear más plazas” es demasiado sencillo.
Porque podemos crear miles de nuevas plazas y mantener exactamente el mismo problema si aparecen en estudios que los alumnos no quieren cursar.
Madrid es un buen ejemplo: después de las principales fases de admisión de FP del curso 2025/26 todavía existían 12.000 vacantes públicas.
Andalucía reconocía, al mismo tiempo, que alrededor del 20% de su oferta había quedado sin ocupar y decidió reorganizarla.
Por eso, antes de hablar únicamente de cantidad hay que hablar de distribución.
Mucho abanico puede terminar siendo parte del problema
Nuestra opinión es que hemos llegado a un punto en el que merece la pena revisar el modelo.
No porque tener diferentes titulaciones sea malo.
Ni porque todas las carreras deban volver a ser generalistas.
Sino porque la especialización excesivamente temprana puede fragmentar unos recursos educativos que siguen siendo limitados.
Los centros son los que son.
Las aulas son las que son.
Los profesores son los que son.
Y, especialmente en FP, los talleres y las empresas disponibles para formar estudiantes tampoco son ilimitados.
Si sobre esa misma capacidad física multiplicamos continuamente las opciones y después la mayoría de estudiantes quiere solo unas pocas, resulta inevitable que aparezcan listas de espera en unas titulaciones y plazas vacías en otras.
Conclusión: ¿faltan plazas o necesitamos organizar mejor las que tenemos?
La respuesta seguramente no sea igual para todos los estudios ni para todas las comunidades autónomas.
Hay titulaciones en las que claramente existe una demanda muy superior a la oferta y donde aumentar plazas puede estar justificado.
Pero los datos muestran también que pueden coexistir miles de plazas vacantes con miles de estudiantes que no han conseguido estudiar aquello que querían.
Por eso creemos que el problema no debería resumirse simplemente diciendo que “no hay plazas para todos”.
Quizá la pregunta correcta sea:
¿Tenemos las plazas adecuadas, en las titulaciones adecuadas y organizadas de la forma adecuada?
Desde Academia M25 pensamos que, en determinadas ramas, recuperar una formación inicial más general y dejar parte de la especialización para cursos superiores podría ser una opción interesante.
Menos fragmentación inicial, más base común y una especialización cuando el estudiante ya conoce realmente aquello que está estudiando.
No solucionaría todos los problemas del sistema educativo.
Pero quizá ayudaría a evitar la situación actual en la que unos estudios acumulan listas de espera mientras otros no encuentran suficientes alumnos.
Y, como decíamos al principio, este tema da para mucho debate.
Puedes ver también la opinión de nuestro jefe de estudios, Alberto Torrejón, en el periódico El Confidencial.
💡 Si quieres acceder a la universidad o estudiar un Grado Superior y no sabes qué vía tienes disponible, puedes contactar con Academia M25.
También puedes consultar nuestra información sobre cómo acceder a un Grado Superior sin Bachillerato o sobre cómo estudiar un grado universitario desde FP.
Preguntas frecuentes
¿Realmente faltan plazas en Formación Profesional?
Depende del ciclo. Existen FP con una demanda muy superior al número de plazas disponibles y, al mismo tiempo, otras titulaciones mantienen vacantes. Por eso es más correcto hablar de un desequilibrio entre oferta y demanda que de una falta general de plazas.
¿Por qué unos Grados Superiores se llenan y otros tienen plazas libres?
Porque las preferencias de los estudiantes no se distribuyen por igual entre todas las titulaciones. Algunos ciclos concentran una gran cantidad de solicitudes mientras otros tienen mucha menos demanda.
¿Por qué algunas carreras tienen notas de corte tan altas?
La nota de corte depende fundamentalmente de la relación entre número de plazas, número de solicitantes y notas de los candidatos. Una nota de corte alta refleja una fuerte competencia por entrar, no necesariamente que esa carrera sea mejor que otra.
¿Sería mejor tener carreras más generales?
Depende del ámbito. Nuestra opinión es que en aquellas ramas donde varias titulaciones comparten una base importante podría tener sentido disponer de una formación inicial común y especializarse posteriormente.
¿Crear más plazas solucionaría el problema?
En algunas titulaciones muy demandadas puede ayudar, pero no necesariamente resolvería el problema global. Si se crean plazas en estudios con poca demanda mientras otros continúan saturados, el desequilibrio seguirá existiendo.
¿Existen realmente plazas de FP que se quedan vacías?
Sí. Por ejemplo, la Comunidad de Madrid comunicó 12.000 plazas públicas de FP vacantes después de las primeras fases de admisión para el curso 2025/26 y Andalucía indicó que aproximadamente un 20% de su oferta había quedado vacante durante ese curso.
*Artículo de opinión. Escrito por Miguel Navas. Actualizado en agosto de 2026.